,

“Hola amigos, soy Excálibur”; la carta de la enfermera afectada de ébola, 3 años después de la ejecución de su perro

Patrocinados

Teresa Romero es una superviviente, aunque a veces le gustaría poder olvidarlo. Y es que tres años después de curarse del ébola, hay varias cosas que Romero echa mucho de menos. Una de ellas es, como reveló en una entrevista a El Español, el anonimato. “A la hora de salir a la calle, todo el mundo se gira, me mira. A veces me da la impresión de ir por los pasillos de un gran hospital como el hospital de La Paz y sentir estar miradas, mirándome como si fuera un fantasma. Un fantasma es otra cosa, yo no soy un fantasma“, contó.

Pero ni ella ni nosotros olvidamos a Excálibur. El perro de Teresa Romero y su marido, Javier Limón, que pasó varios días solo en casa, una situación completamente nueva para él, para que después unos desconocidos entraran en su casa y se lo llevaran para ejecutarlo. Esto, a pesar de que nunca había habido un solo caso de perro contagiado de ébola, y de las numerosas movilizaciones que hubo por todo el país para evitar esta injusticia.

Patrocinados

Teresa hoy en día sigue llorando a su perro, y lo ha demostrado con una carta que ha escrito en el blog del partido animalista PACMA y que se ha publicado en el tercer aniversario de su muerte. En ella, describe cómo fue su vida… y cómo fue su indigno final, en boca de Excálibur. “Tengo el corazón herido, el alma rota y el sentido hundido. Siento todavía el sufrimiento de mi amita y de mi amito vivos“, dice.

Patrocinados

Este es el texto completo:

“Hola amigos, soy Excálibur. Supongo que todavía me recordáis. Para refrescaros la memoria, os digo que mi espíritu sigue todavía vivo.

Hace tres años tuve que abandonar vuestra compañía, y creo profundamente que atrás dejé una gran historia.

En este corto camino que es la vida, fui siempre un perro muy noble. Algo terco, aunque nunca dejé de creer en mis amigos humanos. A mí siempre me gustaba demostrarles mi cariño y fidelidad.

En mi vida tuve un momento que me gustaría recordar, y fue cuando Teresa y Javier fueron a buscarme a la perrera de La Fortuna en Madrid (estuve perdido casi tres meses). ¡Qué contentos íbamos todos, mis amitos y yo, al que iba a ser mi nuevo hogar en los años sucesivos!

Con mis nuevos amigos, Tere y Javi, fui siempre un perro muy querido y muy feliz. Vivimos los tres en familia, hasta que un fatídico día se cruzó en nuestro camino una enfermedad endémica del continente africano, denominada ébola. Se coló en occidente de la mano de dos misioneros españoles repatriados de dos países afectados por esta enfermedad, Liberia y Sierra Leona.

Mi amita Tere y sus abnegados compañeros de trabajo, recibieron y cuidaron en los meses de agosto y septiembre de 2014 de estos dos misioneros sin saber mucho de esta terrible enfermedad. Con escasa información, y con condiciones de trabajo poco adecuadas para tratar el ébola.

El resultado de todo esto fue, como bien sabéis, nefasto e inesperado: hubo un triste contagio, el de mi amita Tere, que por haberse involucrado en su trabajo, todavía no sabemos cómo, se contagió, enfermó gravemente, y la tuvieron que aislar en una habitación del hospital Carlos III de Madrid, para que nadie más se pudiera contagiar.

Mientras tanto, mi amito Javier y otras personas, fueron puestos en aislamiento por seguridad.

Yo, por tener contacto con mi amita Tere, no tuve la misma suerte de ser aislado, y fui condenado a ser un perro ejecutado por las autoridades sanitarias.

Mi amito Javier, desde su habitación de aislamiento, inició una campaña en las redes sociales para intentar salvarme. Finalmente no pudo. Pero consiguió que muchísima gente se movilizara, se pusiera de nuestra parte, y pidiera que no se me ejecutase. A todas esas personas quiero darles las gracias. Vimos cómo sucedía un caso igual que el mío en EEUU, y aquel perrito tuvo mejor suerte que yo, ya que pudo reencontrarse con su dueña.

De todo esto se cumplen hoy tres años. Mi vida terminó de una manera muy injusta, sin que siquiera se haya podido demostrar si estaba infectado. Me mataron por matarme.

Hoy escribo esta carta con esperanza, y con el sentimiento herido. Porque ni mi amita ni yo merecíamos este trato.

La justicia, una vez más, tampoco está de nuestro lado. Siento cómo mis amitos están batallando con una justicia insensible. Veo mucha hostilidad, desde donde contemplo atónito cómo Teresa y Javier están caminando en terrenos farragosos. No tengo ni idea de leyes, como perro que soy, pero es cierto que un científico experto en ébola en animales (Eric Leroy) dijo que no era necesario ejecutarme, y que sería útil desde el punto de vista científico estudiar mi caso para aprender más de esta terrible enfermedad, que tantas vidas humanas se ha llevado por delante.

Me despido ya, no quiero cansaros más. Tengo el corazón herido, el alma rota y el sentido hundido. Siento todavía el sufrimiento de mi amita y de mi amito vivos.
Solo espero que esta carta sea un bonito recuerdo mío.”

¿Qué os parece a vosotros? Contádnoslo en los comentarios.

Patrocinados