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“Qué buena está esa de la sala de espera ¿no?”, las “perlas” delante de la Guardia Civil del detenido por el asesinato de Diana Quer

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El caso de la desaparición de la joven madrileña Diana Quer en A Pobra do Caramiñal, A Coruña, fue cerrado judicialmente el pasado abril por falta de avances. Sin embargo, un extraño suceso en la zona donde se perdió la pista de la joven madrileña ha hecho saltar las alarmas en la Guardia Civil. Un hombre ha sido acusado de intentar robarle el móvil a la joven el pasado lunes amenazándola con un cuchillo. Según ha relatado la víctima, el agresor le ordenó que se metiera en el maletero de su propio coche, pero ante los gritos de ella salió huyendo.

Pero evidentemente hay más: este hombre resultó ser el que había sido principal sospechoso de la desaparición de Diana Quer. Se trata de un hombre del pueblo con antecedentes penales por tráfico de drogas, según informa hoy La Voz de Galicia, aunque otras fuentes indican que también tiene antecedentes por agresiones sexuales.

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El detenido encajaba en el perfil del individuo que se buscaba: varón, de 35 y 45 años de edad, con antecedentes por tráfico de drogas y consumidor, residente en Rianxo y Boiro, gran conocedor de la red de carreteras principales y secundarias de la comarca y con un carácter violento que le hizo acabar en el calabozo en más de una ocasión.

Se trata de José Enrique Abuín Grey, alias “el Chicle“. Hace años, el hombre fue acusado por su cuñada, hermana gemela de su mujer, de abusos sexuales. La víctima no acabó colaborando en la investigación, no ra­tificó la acusación y el hombre fue absuelto.

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Sí que fue condenado por tráfico de drogas después de ser detenido en el 2007 en una operación también de la Guardia Civil. Tras pasar varios meses en prisión, por lo visto actualmente seguía trapicheando con drogas, marisqueando furtivo y trabajando de vez en cuando en una conservera de mejillones.

Hoy día 31 de diciembre la Guardia Civil ha localizado el cadáver de la joven madrileña desaparecida en agosto de 2016, después de que “El Chicle” haya confesado el crimen. Según informan fuentes policiales, ha señalado a los agentes el lugar donde abandonó el cuerpo, en los alrededores de su casa en la parroquia de Rianxo; se trata de una nave embargada que “El Chicle” conocía porque servía para el trapicheo de droga en la zona, para esconder alijos en su interior, pero nadie conocía su existencia.

Anoche, la Guardia Civil puso en libertad la mujer de Abuín Gey después de que cambiara por la tarde su versión sobre la noche en la que desapareció Diana: durante las pesquisas iniciales aseguró que la noche de la desaparición estuvo con su marido, pero ahora ha manifestado que su marido no estuvo en casa esa noche, sino que había salido y ella no le acompañó.

Según informa La Razón, los vecinos de la zona de Rianxo conocen de sobra a “El Chicle, de 41 años, llamado así por su afición a la goma de mascar desde que era un chaval. Hijo de un padre mariscador, que todavía sigue en activo, tiró más por la pesca furtiva, lo que le ocasionó no pocos problemas legales.

A pesar de sus escarceos sexuales, su principal problema con la justicia vino por el tráfico de drogas: en 2007, en torno a una docena de personas fueron encausadas por la llamada “operación Piñata” de la Guardia Civil. Tanto Enrique como un tío suyo, Rafael Rivas Souto, alias “O Fancho“, estaban implicados.

Es un salido“, es lo que dicen algunos de los que han tratado con él. Por lo visto, cuando se le concedió el tercer grado, tenía que ir a “fichar” periódicamente al cuartel de la Guardia Civil, algo que hacía acompañado de su mujer. Recuerdan que su actitud con los agentes era “pelota“, según fuentes conocedoras del caso, y trataba de “ganárselos” con “comentarios de índole sexual.

Qué buena que está la tía esa que está ahí en la sala de espera, ¿no?“, le decía a los sorprendidos agentes. Sin embargo, al menos por aquel entonces, la impresión que daba “era la de un pringado, un tío con no demasiadas luces. De hecho, aún ahora, hay quien no termina de creer que sea un tipo con la destreza y habilidad suficientes como para haber sorteado a las autoridades durante cerca de un año y medio.

Nunca le hemos visto violento“, es lo que dice sobre él el dueño de un bar cercano a su domicilio. En otra ocasión, subió una fotografía de él mismo en sus redes sociales, rodeado de botellas de alcohol semivacías, dos pequeños sin identificar cerca de éstas, y el siguiente título: “Y ahora, de botellón“. Un amigo le contesta “vas a dar positivo“…

Por lo demás, su perfil de la red social Facebook parece perfectamente normal: comparte varias fotos junto a su hija y su actual pareja, en las que se les ve aparentemente felices. Subió una foto de esposa bajo el título: “A mi niña morena no la cambio por nada“.

También abundan las imágenes en las que se le ve compitiendo en distintas carreras populares; “Felicidades!!!“, le escribe en su muro una amiga después de uno de sus triunfos. “O galgo de Taragoña en acción!“, le dice otro. Una de ellas la titula “yo, demostrando mi poderío“.

Con frecuencia hace públicos los kilómetros que recorre en sus entrenamientos, a través de la aplicación Fitapp. En una de estas publicaciones asegura haber corrido casi 20 kilómetros, y se autocomenta: “una gran carrera, poniendo en su sitio a alguno que se creía ir de sobrao“.

Su pequeña parece que también comparte su pasión por las carreras: su padre muestra orgulloso a sus amigos las victorias de la menor. Demostrando quién manda” o “campeona, como su padre, escribe en los comentarios.

Sea como sea, su perfil de la red social se llenó ayer de comentarios airados en su contra. “Los 42 en la cárcel (…) que te hagan lo mismo“, escribía un usuario en una foto de “El Chicleen la que aparece soplando las velas de su último cumpleaños, el pasado febrero.

Fuente: elegímaldía

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